Hablar de Manu Morenate es hablar de alguien que no entiende los tatuajes como una simple moda ni como una cadena de encargos que entran y salen del estudio. Lo suyo va por otro lado: dibujo, escucha, técnica, criterio y ese punto de obsesión sana que suele separar a quien hace “cosas bonitas” de quien se toma en serio su trabajo.

Desde Almería, Manu lleva años construyendo un camino propio dentro del tatuaje, moviéndose entre estilos distintos y defendiendo una manera de trabajar en la que el trato con el cliente pesa tanto como el diseño final. En esta entrevista hablamos con él sobre oficio, evolución, referencias imposibles, clientes, técnica y esa mezcla de arte y curro real que hay detrás de cada pieza. Porque sí, luego vemos la foto bonita en redes, pero antes ha habido bastante más: cabeza, mano, paciencia… y alguna que otra idea llegada regular de Pinterest.

Entrevista a Manu Morenate

Quién es Manu Morenate cuando se apaga Instagram

Para arrancar suave: si alguien entra por primera vez en Tattoorama y todavía no te conoce, ¿quién dirías que es Manu Morenate cuando apaga el ruido de Instagram y se pone a trabajar de verdad?

Si bien es cierto que es bastante complicado abstraerse del todo de las redes sociales, porque cada vez dependemos más de ellas, incluso a la hora de plantear cada sesión —ya que también tienes que pensar cómo vas a poder aprovecharla para una publicación—, diría que, cuando me pongo a tatuar, soy un apasionado de mi trabajo. Me considero una persona muy afortunada por poder dedicarme a lo que me gusta y por sentir la satisfacción y el agradecimiento de mis clientes en cada proyecto.

De afición a oficio, sin postureo innecesario

¿Recuerdas en qué momento dejaste de ver el tatuaje como algo que te gustaba y empezaste a entenderlo como tu oficio?

La verdad es que fue un proceso bastante natural y progresivo. Hará unos doce años, después de un año compaginándolo con mi trabajo como profesor de diseño y estampación en el centro ocupacional de la Asociación de Síndrome de Down de Almería, me di cuenta de que lo que había empezado como una afición por las tardes se estaba convirtiendo en algo tan gratificante como mi trabajo y, además, me iba demandando cada vez más tiempo por el rápido crecimiento de mi clientela.

Siempre he dibujado y me he dedicado a temas relacionados con el arte. De hecho, estudié Bellas Artes, así que lo viví como una evolución lógica y cómoda.

Cómo cambia un tatuador con los años

Todo artista tiene una evolución, incluso aunque desde fuera parezca que ya lo tenía clarísimo desde el minuto uno. En tu caso, ¿cómo ha cambiado tu manera de tatuar y de mirar tu propio trabajo con los años?

Solo a nivel técnico y de materiales, el mundo del tatuaje ha evolucionado una barbaridad desde que yo empecé. Al principio trabajábamos con máquinas de bobinas que tenías que saber montar y calibrar perfectamente, por ejemplo. Así que, solo en ese sentido, he ido creciendo sin parar. No sabes lo difícil que era tirar líneas finas y precisas con esas máquinas.

Con el tiempo, con la evolución de los materiales y la llegada de cada vez más artistas procedentes del mundo de la ilustración y el diseño, creo que todos hemos ido rizando el rizo un poco más. En mi caso, siempre he sido muy culoinquieto y me ha gustado probar estilos nuevos, de los que he ido incorporando técnicas y procesos a mi trabajo.

Los estilos, el detalle y las ganas de seguir dibujando

En tus perfiles se intuye que te mueves entre registros distintos. ¿Qué te pide el cuerpo como tatuador a día de hoy y en qué tipo de piezas sientes que más disfrutas o más te reconoces?

Es cierto. Es algo que me penaliza bastante en redes, pero me ha costado corregirlo por curiosidad y porque la gente, al final, viene a mí por varios de esos estilos. Diría que con lo que más disfruto es con lo más dibujístico, algo tirando a realista, ya sea en blanco y negro o con color, pero que, aunque sea medio realista, tenga línea marcada, texturas y mucho detalle.

Cuando el cliente llega con una idea a medio cocer

Hay tatuadores que solo ejecutan una idea y otros que también traducen, ordenan y aterrizan lo que trae el cliente en la cabeza. ¿Cómo es tu proceso cuando alguien llega con una idea a medio cocer, una referencia imposible o el clásico “hazme algo guapo”?

Es cierto que hay gente que viene con las ideas muy claras, pero en la mayoría de ocasiones tienes que asesorarles bien, porque ellos no son profesionales de este mundillo y hay muchas cosas a tener en cuenta, tanto a nivel técnico como estético, que pueden afectar al resultado final.

También, en la medida de lo posible, tratas de que sus ideas encajen dentro de los estilos que tú trabajas. Es un proceso que me encanta. Muchas veces es un reto apasionante tratar de darle forma al batiburrillo de ideas que trae el cliente y acabar consiguiendo un diseño del que los dos estemos muy orgullosos.

Lo que no se ve también forma parte del tatuaje

En una publicación hablas de la entrevista previa y en otra del calco como parte fundamental del proceso. ¿Qué importancia le das a todo lo que pasa antes de tatuar y por qué esa parte, que muchas veces no se ve, marca tanto el resultado final?

Va un poco relacionado con lo que te contaba antes. Me gusta que el cliente me cuente su idea, sus motivaciones e incluso pequeños detalles que quizá ni él había tenido en cuenta y que pueden ser un buen punto de partida o una buena referencia a la hora de plantear el diseño.

En este sentido, tomar medidas y fotografías de referencia de la zona es fundamental para que el diseño vaya siempre acorde, estéticamente, con la anatomía de la persona.

Tatuar personas, no solo piel

Tatuar no es solo técnica; también es tratar con personas, nervios, expectativas y muchas historias distintas. ¿Qué has aprendido del trato con los clientes que no se aprende ni en los dibujos ni en la máquina?

Totalmente. Yo siempre digo que, más que tatuadores, somos psicólogos. Suena un poco exagerado, pero es bastante cierto. Mucha gente se tatúa por motivos realmente importantes y ciertos tatuajes tienen un significado muy profundo para ellos.

Es algo que te tiene que gustar y se te tiene que dar bien. Creo que a mí me pasan las dos cosas. Me gusta escuchar y echar un rato agradable con la persona que tienes delante, que encima está pasando un rato regular por el dolor. Hoy en día hay muchos tatuadores que se ponen los auriculares y pasan del cliente durante toda la sesión. Yo no podría.

La experiencia también deja huella

¿Qué intentas que se lleve una persona de la experiencia contigo, más allá del tatuaje terminado?

Una de las cosas que más me enorgullecen es que la gente se sorprende y me agradece muchísimo el trato dado, el interés por su proyecto y la atención antes, durante y después. Hoy en día, algunos de mis amigos fueron primero clientes míos.

Y eso dice bastante. Porque una cosa es salir contento con un tatuaje y otra muy distinta salir pensando: “qué bien me han tratado aquí”. Lo segundo no siempre pasa, y cuando pasa se nota.

Entre lo que el cliente quiere contar y lo que aporta el artista

El tatuaje puede ser íntimo, estético, simbólico o una mezcla gloriosa de todo. ¿Cómo entiendes tú ese equilibrio entre lo que el cliente quiere contar y lo que tú aportas como artista?

Yo intento siempre que, aparte de lo estético —que es fundamental—, el tatuaje tenga cierto sentido para el cliente. No hace falta que sea algo profundísimo, pero hay veces que la gente viene con una idea genérica de Pinterest para tatuarse algo sobre su hijo, por ejemplo.

Yo trato de que encontremos un elemento, ya sea simbólico o más literal, que convierta ese tatuaje en algo único para mi cliente.

lo que el cliente quiere

Cómo ve el sector del tatuaje hoy

Desde dentro, ¿cómo ves el momento actual del sector?

Yo creo que todos lo vemos un poco saturado. Hay una especie de burbuja que está haciendo que muchos tengamos que replantearnos de qué manera queremos enfocar nuestra carrera.

El público ahora tiene muchas más referencias y, en algunos casos, sobre todo con el tema de la IA, hay que rebajar un poco las expectativas. Me han llegado a venir con una referencia de un tatuaje realista en una mano creyendo que era real, cuando la mano no tenía ni nudillos.

La piel, al final, pone a cada uno en su sitio. Y eso viene bien recordarlo de vez en cuando, porque una cosa es una imagen bonita en pantalla y otra muy distinta un trabajo que tenga sentido, aguante bien y esté bien pensado sobre un cuerpo real.

Tatuajes en Almería: gustos, contexto y personalidad

Tatuar en Almería también tendrá su punto. ¿Qué tiene de especial trabajar aquí? ¿Notas alguna personalidad propia en la clientela o en los gustos?

Claro. El tipo de trabajos que te piden siempre está condicionado por el lugar en el que vives. La cultura y los gustos de la gente de aquí suelen verse muy reflejados en el tipo de encargos que me hacen.

Aquí suele gustar mucho el realismo en blanco y negro y el old school, aunque ahora también hay un auge de lo ornamental y los tatuajes fine line.

Y eso también tiene su gracia: Almería tiene personalidad propia, también para los tatuajes. La gente sabe bastante bien lo que le entra por el ojo, aunque a veces venga con veinte referencias distintas y la fe de que tú hagas el milagro. Que, en fin, para eso también está el oficio.

Lo que más valora al ver una pieza ya curada

Cuando miras una pieza tuya ya curada y con tiempo encima, ¿qué es lo que más valoras?

Eso me hace mucha ilusión. Ver un tatuaje con mucho tiempo y que se siga viendo bien da una satisfacción tremenda. Muchas veces ves tatuajes por ahí que, cuando están recién hechos o llevan unos pocos meses, pueden verse muy bien, pero con el tiempo sabes que van a perder porque no se han tenido en cuenta ciertos factores técnicos a la hora de hacerlos.

También es fundamental que el cliente se lo cuide, tanto recién hecho como a largo plazo. Y más aquí, que en Almería tenemos un solazo.

Los trabajos que dejan huella también en quien los hace

Seguro que ha habido tatuajes que te han dejado huella por el diseño, por el reto técnico o por la persona que había al otro lado. ¿Hay algún trabajo que recuerdes de forma especial?

Claro, hay muchos que recuerdas con mucho orgullo o que disfrutaste haciéndolos porque técnicamente eran un reto o muy gustosos a la hora de plasmar tu dibujo. También hay historias personales muy duras o muy bonitas que te dejan marcado y de las que te vas a acordar siempre.

Pero, sobre todo, creo que los que más recuerdo son los diseños que estéticamente más me han gustado, los que me gusta enseñar cuando conozco a alguien y se entera de que soy tatuador.

Qué tiene de arte y qué tiene de curro este oficio

A veces se romantiza mucho este oficio y otras se simplifica demasiado. Para ti, ¿qué tiene de arte y qué tiene de curro puro y duro ser tatuador hoy?

Esto daría para hablar largo y tendido. Pero en esta y en otras disciplinas. Yo estudié Bellas Artes, mi padre es un escritor muy prestigioso y siempre me ha dado un pudor tremendo eso de considerarme artista.

He visto a tanta gente con tan poco interesante que contar y que, sin embargo, va de artista profundísimo, y a tantos otros con una personalidad y una cultura arrolladoras que luego tienen un perfil mucho más bajo… Cuando estudiaba Bellas Artes era el eterno debate.

Yo, al final, me considero una especie de artesano o diseñador, con mucha curiosidad por aprender y que trata de plasmar un poco su estilo, si se puede, en cada proyecto. Aunque tengo que reconocer que hay ciertos tatuadores que, porque pueden permitirse hacer solo cierto tipo de trabajos sin preocuparse por pagar las facturas, son auténticos artistas.

Lo que le gustaría que quedara dentro de diez años

Y para cerrar: si tu manera de tatuar pudiera resumirse en una sensación, no en un estilo ni en una etiqueta, ¿qué te gustaría que sintiera alguien al mirar un trabajo tuyo dentro de diez años?

Me gustaría que sintieran que puse todo el cariño y la dedicación posibles en la creación de ese tatuaje.

Entrevista con Manu Morenate

Manu Morenate un artista del tatuaje en Almería con mirada propia

La conversación con Manu Morenate deja una idea bastante clara: detrás de los tatuajes no solo hay mano, estilo o técnica. Hay escucha, criterio, experiencia y una forma de trabajar que no va de despachar diseños, sino de construir piezas con sentido y bien resueltas.

Y quizá ahí está una de las claves de por qué su trabajo encaja tan bien en Almería: porque combina oficio, cercanía y una mirada propia sin necesidad de ponerse estupendo. Que ya bastante tiene uno con decidir qué se tatúa como para encima tener que soportar postureo gratuito.

Si algo deja claro esta entrevista, es que cuando alguien se toma en serio lo que hace, se nota. En el proceso, en el trato y, sobre todo, con el tiempo. Que es donde de verdad se ve si un tatuaje estaba bien pensado… o era solo una foto bonita para subir esa tarde.

Contacta con Manu Morenate en su Instagram o bichea mejor sus trabajos. También en Tattoorama.

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