Últimamente estamos un poco en esa fase de salir sin demasiada estrategia, en plan aquí te pillo, aquí te mato. Nada de listas eternas de sitios pendientes ni reservas hechas con tres días de antelación. Simplemente estar por la zona, que apriete el hambre y acabar entrando donde cuadre. Y así fue también como terminamos en La Esquina del Puerto, en el Puerto Deportivo de Aguadulce, justo en el local que antes muchos ubicaban como El Paladar.
Claro, cuando un sitio ocupa el lugar de otro que ya conocías, es inevitable ir con cierta comparación metida en la mochila. No porque tenga que ser igual, ni mucho menos, sino porque uno ya llega con una referencia previa. Aquí conviene tenerlo claro desde el principio: no esperes encontrarte las especialidades del antiguo El Paladar.
La propuesta va por otro lado. Más centrada en pescado y platos para compartir, y no en aquellas pizzas de metro o medio metro que más de uno recordará.

Cómo acabamos en La Esquina del Puerto
La visita surgió sin mucha épica, que también está bien de vez en cuando. Estábamos por Aguadulce, el puerto siempre tiene ese punto agradecido para dar una vuelta y sentarse luego a comer con cierta dignidad, y el día acompañaba una barbaridad. De esos días de 10 que ya te mejoran la comida incluso antes de pedir la bebida.
El local, además, juega con una baza importante: está bien situado dentro del puerto. Y eso suma. No hace milagros, porque luego hay que cumplir en mesa, pero ayuda bastante a que el plan entre bien. Sobre todo si vas buscando una comida tranquila, sin complicarte demasiado la existencia y con ese contexto de paseo, sol y cerveza que en Aguadulce suele funcionar mejor que muchas campañas de marketing.
Antes de sentarnos nos avisaron de que, por ser fin de semana, no tenían tapas y que había que pedir de carta. En nuestro caso no supuso ningún problema porque íbamos con idea de pedir platos, así que perfecto. Mejor saberlo antes que ponerte luego a improvisar con cara de “bueno, pues ya que estamos…”.
Qué pedimos y qué nos encontramos en la mesa
Nosotros fuimos bastante al grano: pedimos una ensalada y una fritura de pescado para dos. Para beber, botella de agua y cerveza. Sin inventos, sin postureo y sin venirnos arriba como si estuviéramos firmando un menú degustación de ocho pases. A veces con pedir cosas normales se entiende mejor un sitio que con un festival de platos.
Una de las primeras cosas que nos dejó buena sensación fue que la carta no era excesivamente larga. Y eso, al menos en nuestra opinión, suele ser una señal positiva. Cuando una carta parece el BOE, uno empieza a sospechar. Aquí no nos dio esa sensación. Más bien una propuesta contenida, sin pasarse de lista y bastante alineada con el tipo de restaurante que parece querer ser.
Mientras llegaban los platos nos sirvieron algo de picar: unos encurtidos y una especie de ajo blanco o alioli o algo a medio camino entre una cosa y otra. La verdad, no sabría decir exactamente qué era, y no voy a venir ahora a inventármelo para parecer más puesto. Pero bueno, ese detalle se agradece, porque siempre hace más amable la espera y te evita estar mirando al horizonte con el estómago haciendo reclamaciones sindicales.



Lo que nos gustó de la experiencia
La ensalada nos sorprendió para bien. Sin necesidad de montarte una película, estaba bastante bien en cantidad y cumplía más que de sobra. No era la típica ensalada triste que parece venir de acompañante moral del resto de platos. Tenía presencia y se dejaba comer con gusto.
La fritura de pescado también nos pareció correcta en cantidad para dos personas. No saldrás con hambre, que ya es bastante decir. A veces hay frituras que llegan a la mesa con mucha decoración y poca intención. Aquí, por suerte, no fue el caso. La ración tenía una cantidad adecuada y, en conjunto, el plato funcionaba bien para compartir.
También suma que, a nivel general, los platos que pedimos estaban bien elaborados dentro de una propuesta sencilla. No estamos hablando de cocina que quiera reinventar nada ni falta que le hace. A veces lo que se agradece es justo eso: pedir algo normal, que esté bien hecho y que no te intenten vender una experiencia mística entre la freiduría y la lechuga.
Y luego está el contexto. El día que fuimos hizo un día espectacular, y eso también cuenta. Comer en el Puerto Deportivo de Aguadulce con buen tiempo siempre juega a favor. No arregla una mala comida, evidentemente, pero cuando la experiencia es correcta ayuda a que el conjunto suba unos puntos sin esfuerzo.
Lo neutro y lo mejorable, sin hacer un drama tampoco
Lo de que en fin de semana no hubiera tapas, como decía antes, en nuestro caso fue bastante neutro. Nos avisaron antes de sentarnos, lo cual se agradece, y como íbamos con idea de pedir platos, no nos alteró el plan. Otra cosa sería llegar con mentalidad de tapeo y enterarte ya acomodado en la silla, que ahí la cosa cambia.
Donde sí vimos una pequeña sombra fue en el arranque del servicio. La atención fue correcta, eso vaya por delante, pero daba la sensación de que el jefe de los camareros se había levantado ese día con el pie torcido. No porque nos atendiera mal como tal, sino porque comentar ciertas cosas de los compañeros delante de los clientes puede generar situaciones algo incómodas. Son detalles que igual desde dentro se viven como una tontería del momento, pero de cara al comensal afean un poco el ambiente. Ese tipo de cosas, mejor tratarlas aparte y en privado, porque la experiencia de mesa gana bastante cuando uno no siente que está asistiendo de invitado al preámbulo de una reunión interna.
La otra pequeña pega tuvo que ver con la fritura. Preguntamos si incluía calamares, más que nada por saber si teníamos que pedirlos aparte. Nos dijeron que sí, y técnicamente era verdad, pero más bien en la parte de los rejos. Nosotros pensábamos más en el formato tubo, raba o anilla de toda la vida. Ahí seguramente también nos faltó concretar mejor la pregunta, pero es verdad que la respuesta nos llevó a imaginar una cosa algo distinta de la que finalmente llegó. No es un drama nacional, pero sí una de esas pequeñas confusiones que conviene contar tal cual para que la reseña sea útil y no un folleto con complejo de influencer.
Nuestra impresión final
La sensación global que nos dejó La Esquina del Puerto fue la de un restaurante correcto, con una propuesta sencilla, bien ubicada y bastante razonable para comer en el Puerto Deportivo de Aguadulce sin dejarte medio riñón en la intentona.
A nivel de cocina, lo que pedimos funcionó bien. La fritura estaba correcta en cantidad y variedad, con la salvedad ya comentada del tema del calamar, y la ensalada nos sorprendió para bien. En atención, todo fue adecuado, aunque sin ese punto de calidez o soltura que a veces marca la diferencia entre “bien” y “apetece volver pronto”. Y en precio, nos pareció normal: no es el sitio más barato, pero tampoco entra en esa categoría de precios turísticos que te hacen mirar la cuenta como quien revisa una multa.
En resumen, no salimos pensando que habíamos descubierto el secreto mejor guardado de la hostelería almeriense, ni falta que hacía. Pero tampoco salimos con la sensación de haber caído en una trampa para guiris con vistas al barco. Más bien lo contrario: un sitio bien situado, con platos sencillos bien resueltos, raciones correctas y margen para pulir algunos detalles de servicio.
Nuestro resumen para La Esquina del Puerto
| Decoración | ★★☆☆☆ |
| Atención | ★★☆☆☆ |
| Presentación | ★★★☆☆ |
| Sabor | ★★★☆☆ |
| Precio | ★★★☆☆ |
Esta reseña, como todas las nuestras, se basa en nuestra experiencia como clientes sin más. Esto no quiere decir que tu experiencia sea exactamente la misma, estaremos encantados de leer tu experiencia en los comentarios.
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