Hay sitios por los que pasas mil veces, los miras de reojo y sueltas esa frase tan nuestra de: “tenemos que venir un día”. Luego ese día no llega nunca porque la vida, el hambre mal gestionada y la eterna pregunta de “¿dónde comemos?” acaban mandando más que cualquier plan.

Con La Calma, en Aguadulce, nos pasaba justo eso. Lo teníamos fichado desde hacía tiempo, pero siempre se quedaba en la lista mental de pendientes. Hasta que hace unos días, buscando sitio para comer, nos acordamos y salió el clásico: “¿Vamos? Venga”. Sin mucha épica, pero con decisión, que ya es bastante.

Eso sí, esta vez no fuimos tan kamikazes. Hacía un día espectacular y, estando ya en la época en la que pillar mesa empieza a parecer una prueba de resistencia, llamamos antes. Bien hecho por nuestra parte, para variar. Ya solo les quedaba sitio en la terraza.

Y aquí entraron las dudas.

Porque sí, terraza suena muy bien hasta que te imaginas comiendo con el sol dándote en la nuca como si fueras un espetón humano. Pero aceptamos. Y oye, al final no nos arrepentimos.

Una visita de esas que llevas tiempo aplazando

La Calma se presenta como un chiringuito de cocina mediterránea en Aguadulce, con una propuesta centrada en producto, pescado fresco, carnes y postres, según indica su propia web oficial.  

Pero más allá de cómo se defina el sitio, que eso en internet siempre queda muy bonito, lo que nos interesaba era comprobar qué tal se estaba allí un día normal de visita. Sin alfombra roja, sin mantel de postureo y sin ir buscando fuegos artificiales gastronómicos. Comer bien, estar a gusto y ver si merecía la pena volver. Así de sencillo.

El local está situado en Aguadulce, cerca del Campamento Juan de Austria. No es el típico chiringuito con la mesa prácticamente metida en la arena y vistas de postal para subir la foto con frase intensa. Aquí la localización no juega esa carta de “mira qué mar tengo delante”, pero lo compensa con una decoración mediterránea agradable y un ambiente cuidado.

Vamos, que no te sientes en una pasarela de Instagram, pero tampoco en el comedor de una comunión de 1998.

La Calma Chiringuito en Aguadulce

La Calma en Aguadulce: terraza pequeña, pero sorpresa agradable

Como decíamos, nos tocó terraza. Y aunque de primeras nos dio algo de respeto por el calorcete, la experiencia fue bastante mejor de lo esperado.

La terraza es pequeña, sí. Y eso hace que las mesas estén más cerca de lo ideal. Por decir alguna cosa mejorable, un poco más de espacio entre comensales siempre se agradece, sobre todo si no quieres acabar enterándote de si la mesa de al lado ha pedido postre, hipoteca o divorcio.

Pero también hay que ser justos: el local es pequeño y es lógico que optimicen cada centímetro. Además, tienen toldo, el sol no daba de lleno y el día acompañó muchísimo. Sin viento, buena temperatura y esa sensación de “mira, pues aquí se está de lujo”.

Y lo decimos siendo más de interior. Que nosotros somos de los que ven una terraza en pleno calor y ya empiezan a negociar con la Virgen del Mar.

Qué pedimos: entraña, pescado, fritura y postres de los de cuchara

Fuimos bastante clásicos en la bebida: botella de agua y cerveza. Sin cócteles imposibles ni bebidas con sombrillita, que aquí se venía a comer.

En cuanto a comida, pedimos varias cosas: tapas de entraña, hamburguesa de buey, atún a la plancha, aguja a la plancha, carrillada, una fritura de pescado y, de postre, leche frita y pastel de la abuela.

La carta nos pareció bien planteada. Tiene un número de platos bastante razonable: ni tan corta como para que te entre la tristeza, ni tan larga como para sospechar que en cocina tienen más congeladores que ilusión. Además, suelen contar con platos del día, algo que siempre suma si te gusta salirte un poco de lo fijo.

La entraña: sorpresa positiva

La entraña fue de lo que más nos gustó. Estaba en su punto, calentita y jugosa. De esas cosas que pruebas y dices: “vale, aquí hay partido”.

Quizá le habría venido bien un pelín más de sal, pero eso tiene arreglo fácil. Mejor quedarse corto de sal que pasarse y dejarte bebiendo agua como si acabaras de cruzar Tabernas en agosto.

Nos gustó tanto que repetimos. Y cuando repites un plato, pocas explicaciones más hacen falta.

Entraña en
La Calma Chiringuito

Pescado a la plancha y fritura: básicos bien resueltos

El atún a la plancha también nos dejó buena impresión. Estaba jugoso, y eso ya merece comentario, porque en muchos sitios el atún llega tan seco que parece que ha pasado por una oposición.

La aguja a la plancha cumplió bien, y la fritura de pescado nos pareció correcta tanto en cantidad como en calidad y variedad. Buen producto, buena presencia y sin esa sensación de “aquí han frito hasta los nervios del camarero”.

No pedimos los platos más elaborados de la carta, así que esa parte se queda pendiente para una próxima visita. Esta vez fuimos a básicos, y los básicos, cuando están bien hechos, también hablan bastante de un sitio.

Fritura en La Calma Chiringuito

La hamburguesa de buey y los postres

La hamburguesa de buey tenía buena cantidad y buena presencia, aunque para nuestro gusto estaba algo hecha de más. Tampoco vamos a montar un drama nacional por esto, pero sí es el típico detalle que se nota si te gusta la carne menos pasada.

De postre probamos leche frita y pastel de la abuela. Dos elecciones bastante de manual, sí, pero cuando uno llega al postre tampoco está para inventar la rueda. Está para meter cuchara y seguir viviendo.

Hamburguesa de buey en La Calma Chiringuito

Servicio fluido incluso con el local lleno

Uno de los puntos que más valoramos fue el trato. Correcto, cercano y muy bueno por parte de todas las personas que nos atendieron.

Y esto tiene más mérito cuando el local está repleto. Porque una cosa es ser amable con tres mesas tranquilas y otra mantener el ritmo cuando aquello va lleno y la comandera empieza a echar humo. Aun así, todo salió bastante fluido.

No tuvimos esa sensación de estar abandonados a nuestra suerte ni de tener que hacer señales con bengalas para pedir algo. Bien ahí.

Lo mejor, lo mejorable y si volveríamos

En conjunto, la visita a La Calma nos dejó buena sensación. A nivel de producto y cocina, bien. Especialmente la entraña, el atún a la plancha y la fritura. Platos sencillos, sí, pero bien resueltos.

También nos gustó que la carta no intente abarcar medio planeta. Tiene variedad suficiente, platos del día y una línea bastante clara. Eso siempre ayuda, porque cuando una carta parece una enciclopedia ilustrada de la cocina mundial, uno empieza a ponerse nervioso.

¿Lo mejorable? Principalmente, el espacio entre mesas en terraza. No es algo dramático, pero sí puede afectar un poco a la comodidad si el local está lleno. Y la hamburguesa, en nuestro caso, habría ganado con un punto menos de cocción.

Sobre el precio, la sensación fue de normalidad para el producto que ponen. No es el sitio más económico del mundo ni el lugar al que irías buscando comer solo a base de tapas sin coste. Pero tampoco nos pareció abusivo. Está en esa zona de “pagas lo que estás comiendo”, que ya es bastante en estos tiempos en los que cualquier salida puede acabar pareciendo una derrama comunitaria.

Conclusión

La Calma nos pareció un chiringuito recomendable en Aguadulce si buscas comer producto, pescado y algunos platos sencillos bien trabajados, sin necesidad de vistas paradisíacas ni fuegos artificiales.

No es una opción para ir con la mentalidad de “quiero comer barato y reventar a tapas”, porque no va por ahí. Pero si te apetece sentarte, pedir bien, estar cómodo y comer con una atención cercana, la experiencia cumple.

Nosotros salimos con buena impresión y con alguna cosa pendiente para la próxima visita. Que al final eso también dice mucho de un sitio: cuando te vas pensando qué pedirías la próxima vez, mala señal no es.

Nuestro resumen para La Calma
Decoración★★★☆☆
Atención★★★★☆
Presentación★★★☆☆
Sabor★★★★☆
Precio★★★☆☆


Esta reseña, como todas las nuestras, se basa en nuestra experiencia como clientes sin más. Esto no quiere decir que tu experiencia sea exactamente la misma, estaremos encantados de leer tu experiencia en los comentarios.

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